El tren de alta velocidad, menos energía, menos contaminación

El tren de alta velocidad, menos energía, menos contaminación

Consumo de energía y emisiones del tren de alta velocidad en comparación con otros modos.

El tren de alta velocidad es más eficiente energéticamente y menos contaminante que todos los demás modos de transporte, incluido el tren convencional. Según el estudio realizado por Alberto García, ingeniero industrial, doctor en Ciencias Económicas y profesor de Economía y Explotación del Transporte, un viaje de Barcelona a Madrid en avión produce unas emisiones de CO2 equivalentes, aproximadamente, al peso de la persona que viaja (70 kg). Si el viajero opta por el tren de alta velocidad en el mismo recorrido, las emisiones se reducen, para ser aproximadamente iguales sólo al peso de su equipaje (13 kg).

Entre las razones que explican el hecho de que el consumo del tren de alta velocidad no sea muy diferente del consumo del tren convencional -en cualquier caso, en general, será menor- se pueden señalar:
· Algunas propiedades de los trenes de alta velocidad (menor resistencia mecánica y aerodinámica, mayor rendimiento energético, menor masa por plaza).
· Otras típicas del servicio (menor número de paradas, mayor tamaño del tren medio, mayor aprovechamiento).
· Otras, en fin, de la línea (menor resistencia de la curvas y mayor coeficiente de túneles, por ser éstos de mayor sección; perfil de velocidades más homogéneo; menor necesidad de frenar en las pendientes; mayor tensión de electrificación –y, por ello, menores pérdidas-, menos tiempo de uso de los servicios auxiliares).
· Además, recorren una menor trayectoria para el mismo desplazamiento (ya que las líneas de alta velocidad son más cortas que las convencionales entre los mismos puntos) y se benefician de las mayores posibilidades de realizar conducción económica y de aprovechar la energía del freno regenerativo.
Resulta también interesante analizar el consumo comparado del mismo tren en dos trazados entre los mismos puntos: uno por línea de alta velocidad y otro por línea convencional; y en dos casos concretos: el tren Alvia serie 120, entre Lleida y Roda de Bará, y el Talgo 200, entre Córdoba y Antequera. Estos trenes de ancho de variable pasaron a circular desde diciembre de 2006 por los nuevos trazados de alta velocidad, dejando de hacerlo por los convencionales. Se comprueba que, en estos casos, los trenes Alvia y Talgo 200 consiguen reducciones del consumo de energía en pantógrafo del 16 por ciento y del 8 por ciento, al pasar de circular por la línea convencional a hacerlo por la de alta velocidad entre las mismas estaciones, lo que es compatible con un aumento de la velocidad media del 64 por ciento y del 78 por ciento, respectivamente.

Puede afirmarse también que, en general, un aumento de las velocidades máximas (por ejemplo de 300 a 350 km/h) no produce necesariamente un aumento del consumo energético por encima del valor del tiempo ahorrado por los viajeros. También hay que destacar que un tren que circule a velocidades reducidas es incapaz de captar cantidades relevantes de viajeros del avión y del coche particular, por lo que el conjunto de emisiones y consumo de energía en el corredor (tomando en consideración todos los modos de transporte) seria indudablemente superior al que se podría lograr con el tren a alta velocidad.

Eficiencia energética en el caso español

El balance energético y de emisiones de la extensión de la red de alta velocidad requiere la comparación del consumo energético de los diversos modos de transporte alternativos. Esta comparación, suele dar lugar a numerosos y divergentes resultados, dependiendo de las hipótesis que se empleen relativas a factores de carga de los vehículos, factores de emisiones, rendimientos y pérdidas del sistema de generación, transporte y conversión de la electricidad, características de los servicios (velocidades y paradas, etc). En numerosos estudios se emplean valores medios extraídos de casos a veces incompatibles y además con valores que, en ocasiones, corresponden a países diferentes (téngase en cuenta que los factores de emisión de los sistemas de generación de electricidad pueden variar de unos países a otros en proporción de 1 a 4, y dentro del mismo país, de unos años a otros, puede variar de 1 a 1,5).

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