La caja que revolucionó el comercio

La caja que revolucionó el comercio

En este post voy a hablar de una caja que es mucho menos glamurosa que la que se sitúa a orillas del Manzanares, pero mucho más mágica para la economía mundial: el container.

Antes de la llegada de los containers, el proceso de carga y descarga en los puertos demandaba mucha mano de obra y consumía mucho tiempo. De hecho, se calcula que los barcos pasaban dos tercios de su tiempo atracados en el puerto y solamente un tercio en el mar. Además, como la carga no venía protegida, había muchas probabilidades de que una parte de la misma nunca llegara a su destino. Un chiste popular que se contaba en los muelles de Nueva York decía que “el sueldo de un estibador era de 20 dólares al día más todas las botellas de whisky que se pudiera llevar a casa”.

Todo cambió en la década de 1950 gracias al ingenio de un magnate del transporte por carretera: Malcom McLean. Este empresario pensó que el proceso de carga y descarga sería mucho más rápido si toda la mercancía viniera agrupada en un mismo contenedor. Este contenedor, además, se podría mover sin dificultad entre diferentes medios de transporte: del camión al barco, del barco al tren, etc. Esta idea se materializó por primera vez el 26 de abril de 1956, cuando el carguero Ideal-X transportó los primeros containers en la ruta Newark-Houston. La ventaja en costes que consiguió McLean fue impresionante. Anteriormente el coste de cargar un barco era de 5,83$ por tonelada; con el container este coste se redujo a 0,16$ por tonelada.

Lógicamente, esta diferencia en costes, además de convertir a McLean en un hombre todavía más rico, provocó que poco a poco los containers pasasen a dominar el tráfico marítimo. Para explotar todos los beneficios del container, a partir de la década de 1960, tuvieron que realizarse grandes inversiones para equipar los puertos con grúas que pudieran mover los containers, así como unir los puertos con el transporte por ferrocarril y el transporte por camión. Además, se comenzaron a diseñar barcos especializados para transportar los containers.

Gracias al container se ha reducido el tiempo del transporte y hay una mayor seguridad de que la mercancía se reciba en las fechas acordadas. Como los containers van sellados hay un menor riesgo de que se dañen o se roben los materiales, lo cual ha reducido el coste del seguro de transporte y ha permitido que una mayor gama de productos pueda ser comercializada internacionalmente. Todos estos factores, por su parte, han permitido que el proceso de producción de muchos bienes se haya podido repartir entre muchos países, tal como explicábamos en un post de la pasada temporada.

Recientemente, un estudio realizado por los profesores Bernhofen, El-Sahli y Kneller de la Universidades de Nottingham y Lund ha puesto cifras a la revolución de esta caja mágica. Los autores muestran que los países industrializados multiplicaron por ocho su comercio internacional con otros países industrializados entre el momento que empezaron a utilizar los container y 20 años después. Estos autores muestran, además, que el crecimiento del comercio internacional debido a la adopción del container es muy superior a la lograda por otras vías, como los acuerdos de liberalización del comercio.

Cuando pensamos en revoluciones tecnológicas nos vienen a la cabeza cosas muy sofisticadas como la computación cuántica o la impresión en tres dimensiones. A veces, una simple caja de metal permite innovar un proceso de producción y generar cambios igual de revolucionarios.

por Asier Minondo

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