Aplicarse en aplicaciones

Aplicarse en aplicaciones

Las autoridades educativas de la Comunidad de Madrid quieren que todos los alumnos acaben la ESO sabiendo diseñar una página web, programar un juego de ordenador o crear una nueva aplicación de móvil. Para conseguirlo ha decidido introducir una nueva asignatura obligatoria, la de Programación, que se experimentará este curso en 15 institutos tecnológicos para extenderse entre 2015 y 2017 a toda la red de enseñanza secundaria.

Con esta innovación, Madrid sigue los pasos de Reino Unido en la formación escolar en el dominio de las nuevas tecnologías. Se trata de una iniciativa que, si se aplica en condiciones, puede elevar el nivel medio de competencias tecnológicas y digitales de los ciudadanos madrileños. Para que la nueva asignatura pueda dar todos sus frutos, tendrá que superar sin embargo algunas barreras logísticas y también culturales.

En principio, dado el contenido de la materia, a poco que se haga un programa mínimamente atractivo, cabe esperar una buena acogida por parte de los propios alumnos que, a diferencia de sus profesores, son nativos digitales.

Pero una cosa es que los chicos de entre 12 y 15 años se muestren entusiastas de las nuevas tecnologías y sean avezados usuarios, y otra muy distinta tener que superar una evaluación que sin duda exigirá el dominio de herramientas informáticas de cierto nivel. En favor de la asignatura contará la buena predisposición de la mayoría de los alumnos, pero eso que puede ser una ventaja inicial puede trocarse en problema si el profesor que ha de impartirla no alcanza el dominio que se requiere y defrauda las expectativas. Ahí puede radicar la segunda dificultad.

Conscientes de ello, los responsables educativos de Madrid han programado cursos de reciclaje para formar a los profesores en los contenidos de la nueva materia. Pero habrá que ver si esos cursos son suficientes para adquirir el dominio necesario. Uno de los problemas que lastran la labor de los profesores en el aula es que su autoridad se ve con frecuencia resquebrajada por el superior dominio que los alumnos tienen de las herramientas informáticas. Si eso sucede en la nueva asignatura de Programación, el resultado puede ser malo para los alumnos y letal para el prestigio del docente. Debería asegurarse que eso no ocurre.

Fuente: El País

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